
El dólar estadounidense superó este viernes la barrera de los 27 lempiras en Honduras, al alcanzar un precio de venta de L27.0010, según el tipo de cambio reportado por el Banco Central de Honduras (BCH). El comportamiento confirma la tendencia de depreciación que ha registrado la moneda nacional durante 2026 y abre nuevamente el debate sobre sus efectos en el costo de vida de los hogares.
Aunque superar los 27 lempiras tiene un fuerte componente simbólico, el verdadero impacto dependerá de cuánto continúe depreciándose el lempira y de cuánto de ese encarecimiento termine trasladándose a los precios. Honduras mantiene una importante dependencia de las importaciones, por lo que un dólar más caro significa que empresas y consumidores necesitan más lempiras para adquirir productos, materias primas y servicios provenientes del exterior.
Entre los sectores que pueden sentir con mayor fuerza este comportamiento se encuentran los combustibles, alimentos importados, medicamentos, maquinaria, repuestos, fertilizantes y otros insumos utilizados por la producción nacional. El efecto puede extenderse incluso a productos fabricados en Honduras cuando las empresas dependen de materias primas importadas o enfrentan mayores costos de transporte y energía.
El economista José Murillo advirtió que el impacto no se limita a los bienes directamente importados, debido a que los mayores costos de combustibles y energía pueden trasladarse prácticamente a toda la cadena productiva. De mantenerse esta tendencia, empresas y comercios podrían trasladar parte de esos costos al consumidor final.
¿Puede aumentar la inflación?
Sí, una depreciación sostenida del lempira puede ejercer presión sobre la inflación, aunque no es el único factor que determina el comportamiento de los precios. El propio BCH reconoce en sus análisis económicos que los costos de bienes importados forman parte de los elementos que pueden generar presiones inflacionarias.
Para las familias hondureñas, el principal riesgo es una pérdida gradual del poder adquisitivo: si aumentan los precios de alimentos, transporte, medicamentos y otros productos mientras los ingresos permanecen iguales, cada lempira alcanza para comprar menos.
El presidente del BCH, Roberto Lagos, ha señalado que no existe motivo de alarma y que la depreciación de la moneda se mantiene dentro de las proyecciones de la política cambiaria. Sin embargo, para los hogares el desafío estará en cuánto de esa depreciación termina reflejándose en los precios durante los próximos meses.
En contraste, un dólar más alto también puede representar más lempiras para las familias que reciben remesas del exterior, aunque ese beneficio puede reducirse si simultáneamente aumenta el costo de los bienes y servicios que consumen.
La barrera de los 27 lempiras por dólar, por tanto, va más allá del mercado cambiario: su verdadero impacto estará determinado por la velocidad de la depreciación y por cuánto termine trasladándose al costo de vida de los hondureños.






