
Tegucigalpa.– El Banco Central de Honduras (BCH) decidió elevar la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 25 puntos básicos, al pasar de 5.75 % a 6.00 %, una medida que busca contener la inflación, pero que también puede traducirse gradualmente en un mayor costo del dinero para familias, consumidores y empresas.
La decisión fue adoptada por el Directorio del BCH el 18 de septiembre de 2026, bajo el argumento de que persisten presiones inflacionarias derivadas principalmente del encarecimiento de los alimentos, la energía, los combustibles y factores externos. La inflación interanual pasó de 4.2 % en enero a 6.2 % en agosto, superando el rango meta del Banco Central, establecido en 4 % con un margen de tolerancia de un punto porcentual. (HCH)
¿Qué significa para el ciudadano?
En términos sencillos, el dinero se vuelve más caro.
La TPM es una tasa de referencia para el sistema financiero. Cuando el Banco Central la eleva, busca reducir la cantidad de dinero circulando, enfriar el consumo y frenar las presiones sobre los precios. Sin embargo, ese mecanismo puede trasladarse paulatinamente a las tasas que cobran los bancos y otras instituciones financieras por prestar dinero.
Eso significa que nuevos préstamos personales, financiamientos empresariales, créditos para vivienda, vehículos o tarjetas podrían enfrentar condiciones más costosas dependiendo de cómo cada institución financiera ajuste sus tasas.
Para una familia que ya destina buena parte de sus ingresos al pago de alimentos, combustibles, servicios públicos y deudas, una eventual subida en el costo del crédito representa una presión adicional sobre el presupuesto mensual.
Las pequeñas y medianas empresas tampoco quedan al margen. Un financiamiento más caro puede elevar el costo de invertir, comprar maquinaria, adquirir inventario o ampliar operaciones. En algunos casos, las empresas pueden reducir sus planes de inversión o trasladar parte del incremento de sus costos al precio final de bienes y servicios.
El dilema: combatir inflación encareciendo el crédito
El BCH sostiene que el ajuste es preventivo y moderado y que pretende evitar un mayor deterioro del poder adquisitivo provocado por la inflación. Según la institución, los precios de alimentos y energía han sido uno de los principales motores del aumento inflacionario: ese componente pasó de una inflación de 2 % en enero a 10 % en agosto y explica alrededor del 57 % de la inflación registrada.
El problema para los hogares es que la política monetaria enfrenta una realidad compleja: mientras se intenta frenar el aumento de los precios mediante tasas más altas, el ajuste puede generar un efecto adicional sobre quienes dependen del crédito para consumir, invertir o resolver emergencias.
No necesariamente significa que todos los préstamos subirán inmediatamente ni que lo harán exactamente en 0.25 puntos porcentuales. El impacto dependerá del tipo de préstamo, si la tasa es fija o variable, de las condiciones de cada banco y de cómo evolucione la política monetaria en los próximos meses.
Inflación golpea donde más duele
La situación resulta especialmente sensible porque el incremento de precios se concentra precisamente en rubros esenciales para la población.
El propio Banco Central reconoce que los mayores aumentos provienen de alimentos y energía, mientras que la inflación núcleo que excluye esos componentes más volátiles bajó de 3 % en enero a 2.3 % en agosto.
Es decir, buena parte de la presión inflacionaria que sienten los hogares proviene de productos que difícilmente pueden dejar de consumir.
Mientras tanto, el BCH destaca que la actividad económica mantiene indicadores positivos, con un crecimiento de 4.4 % del IMAE en julio y un aumento interanual de 8 % del crédito bancario al sector privado en agosto.
El aumento de la TPM coloca así a la economía hondureña frente a un equilibrio delicado: controlar la inflación sin provocar una desaceleración excesiva del consumo, el crédito y la inversión.






