
Tegucigalpa, Honduras. La niñez hondureña atraviesa una situación crítica de violencia, pobreza y exclusión. Según datos citados por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), entre 2020 y julio de 2026 al menos 1,353 menores de 18 años murieron violentamente en Honduras.
De acuerdo con las cifras, 1,014 de las víctimas tenían entre 15 y 18 años, equivalente al 75 % de los casos. Solo entre enero y julio de 2026 se registraron 117 muertes violentas de menores, lo que representa, en promedio, un niño o adolescente asesinado aproximadamente cada 43 horas y media.
La violencia sexual también mantiene en alerta a las autoridades. El Conadeh estima que cada tres horas un niño o niña sería víctima de este tipo de delito.
Una crisis que va más allá de la violencia
El organismo calificó la situación como una “emergencia nacional” y cuestionó que, pese a la existencia de leyes y programas de protección, los resultados todavía no se reflejan en la realidad de miles de menores.
A la violencia se suman otras formas de exclusión. Más de un millón de niños y niñas estarían fuera del sistema educativo, una cifra similar enfrentaría el trabajo infantil, más de 20,000 menores vivirían en situación de calle y alrededor de 25,000 niñas y adolescentes quedan embarazadas cada año.
“Niñas y niños que deberían estar en las escuelas y no en las estadísticas de muertes violentas”, señaló Cándida Maradiaga, coordinadora de la Defensoría de la Niñez del Conadeh.
El organismo pidió al Estado fortalecer las políticas de prevención, aumentar los recursos destinados a la protección infantil y revisar las estrategias existentes para reducir los homicidios, la violencia sexual y otras formas de vulneración.
Las cifras dibujan una realidad difícil de ignorar: para miles de niños y adolescentes hondureños, crecer en el país significa hacerlo bajo el riesgo de violencia, pobreza y exclusión.






